
El problema de la narrativa de David Collado: ¿Cómo ser el candidato del Gobierno sin cargar con el Gobierno?
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Hay una contradicción que comienza a aparecer en la estrategia de posicionamiento de David Collado y que su equipo debería estar mirando con mucha más atención.
Mientras las encuestas intentan consolidarlo como el candidato inevitable del Partido Revolucionario Moderno (PRM), esas mismas mediciones muestran que el Gobierno al que pertenece no disfruta de una ventaja política suficientemente amplia como para garantizar que su candidato pueda beneficiarse automáticamente de la marca oficialista.
Y ahí está el problema.
Porque David Collado no es un candidato opositor.
No es un outsider.
No es alguien que esté construyendo su discurso desde fuera del Gobierno.
Es uno de los funcionarios más visibles de la administración de Luis Abinader y lleva seis años como ministro de Turismo.
Por tanto, si quiere ser el candidato del PRM en 2028 tendrá que responder inevitablemente por el Gobierno.
Y eso cambia completamente la ecuación.
La encuesta que favorece a Collado también muestra la debilidad del Gobierno
La reciente medición de ACD Media presenta a David Collado con 39.8 % entre la población general cuando se pregunta quién debería ser el candidato del PRM, mientras alcanza 59.9 % entre los miembros del partido. Carolina Mejía aparece con 18.4 % entre la población general y 20.5 % entre los perremeístas.
A primera vista, parece una victoria contundente de Collado.
Pero hay que mirar el resto de la encuesta.
La misma ACD Media encontró que la aprobación del Gobierno de Abinader se sitúa en 51.3 %, mientras 47 % lo desaprueba.
Cuando se pregunta específicamente por Abinader, 50.2 % tiene una valoración positiva y 48.2 % negativa.
Pero el dato más delicado aparece cuando se evalúa al gabinete: 53.5 % lo valora negativamente frente a 42.7 % que lo evalúa positivamente.
Es decir:
Abinader conserva un capital político relativamente superior al de su gabinete, mientras sus ministros cargan con una evaluación considerablemente más complicada.
Y David Collado es ministro.
Ahí está la contradicción.
¿Cómo se convierte el candidato del Gobierno en la alternativa al Gobierno?
Si la estrategia consiste en presentar a Collado como el candidato que garantiza la continuidad del PRM, entonces necesita que el Gobierno sea una plataforma electoral suficientemente fuerte.
Pero si el discurso intenta presentar a Collado como una figura diferente, separada de los problemas del Gobierno, aparece otra dificultad:
¿Cómo puede separarse políticamente de una administración de la que ha formado parte durante seis años?
No puede ser simultáneamente la mejor representación de la continuidad y la alternativa a aquello que la ciudadanía cuestiona.
Ese es el dilema.
Y cuanto más se acerque 2028, más difícil será mantenerlo fuera del debate sobre los resultados de la administración.
Turismo no puede ser todo el programa presidencial
Aquí aparece otra vulnerabilidad de la candidatura.
David Collado tiene un tema en el que puede hablar con autoridad:
turismo.
Y tiene razones para hacerlo.
La República Dominicana ha registrado cifras récord de llegada de visitantes y el Ministerio de Turismo ha utilizado esos resultados como uno de los principales argumentos de gestión. En julio de 2026, Collado presentó resultados del primer semestre que registraban 6.616 millones de visitantes.
Pero un ministro de Turismo puede concentrarse fundamentalmente en turismo.
Un candidato presidencial no.
El presidente de la República tiene que hablar de todo.
Seguridad.
Educación.
Salud.
Migración.
Haití.
Energía.
Transporte.
Costo de vida.
Empleo.
Reforma fiscal.
Deuda pública.
Seguridad social.
Justicia.
Corrupción.
Política exterior.
Agricultura.
Vivienda.
Infraestructura.
Y sobre todo, debe explicar qué Estado quiere construir.
Ahí es donde la candidatura de Collado todavía tiene una tarea pendiente.
El silencio puede funcionar para un ministro; no necesariamente para un presidente
La estrategia de comunicación de Collado tiene una característica evidente: evita convertirlo permanentemente en protagonista del conflicto político.
Eso puede ser una ventaja para un funcionario.
Mientras menos se expone un político a debates controversiales, menos oportunidades tiene de cometer errores.
Pero la misma estrategia puede convertirse en una debilidad cuando se aspira a la Presidencia.
Porque llega un momento en que el electorado deja de preguntar:
"¿Quién es el más popular?"
y comienza a preguntar:
"¿Qué piensa este hombre?"
Y esa pregunta no puede responderse con una encuesta.
El problema del candidato demasiado protegido
Un candidato presidencial necesita exposición.
Pero no solamente exposición favorable.
Necesita exposición al cuestionamiento.
Debe aceptar entrevistas difíciles.
Debe explicar posiciones.
Debe defender decisiones.
Debe responder a adversarios.
Debe participar en debates.
Debe equivocarse públicamente y aprender a corregirse.
Porque gobernar significa precisamente eso.
Recibir problemas que no tienen respuestas perfectas y tomar decisiones bajo presión.
Un candidato que solamente aparece cuando controla el contexto puede construir una imagen impecable.
Pero también puede llegar a la campaña presidencial sin que el país conozca realmente su pensamiento.
Y ese puede convertirse en uno de los mayores riesgos de Collado.
¿Qué pasa cuando salga del Ministerio de Turismo?
Esta es probablemente la pregunta estratégica más importante.
Porque mientras Collado permanezca en Turismo dispone de una plataforma institucional extraordinariamente poderosa.
Cada mes aparecen cifras.
Llegadas de turistas.
Nuevos vuelos.
Nuevos hoteles.
Nuevas inversiones.
Reconocimientos.
Ferias internacionales.
Inauguraciones.
Actividades.
Noticias.
El turismo produce naturalmente buenas imágenes.
Y el ministro puede asociarse directamente con esos resultados.
Pero una candidatura presidencial no puede depender eternamente de esa plataforma.
¿Qué ocurrirá cuando deje el Ministerio?
¿De qué hablará todos los días?
¿Cuál será su agenda?
¿Cuál será su discurso?
¿Qué posición tendrá frente a los problemas que no pertenecen al turismo?
¿Dónde estará su liderazgo territorial?
¿Dónde estará su estructura?
¿Dónde estará su propuesta de país?
Ese es el momento que debería estar preparando su equipo.
Porque una marca política que depende demasiado de una posición institucional corre el riesgo de descubrir sus limitaciones cuando pierde esa plataforma.
El candidato Collado necesita convertirse en algo más que "el ministro que funciona"
La política presidencial exige una transformación.
David Collado ya tiene una marca.
Es conocido.
Tiene experiencia como diputado.
Fue alcalde del Distrito Nacional.
Es ministro de Turismo.
Tiene reconocimiento nacional.
Y las encuestas actuales muestran que posee una ventaja importante dentro del PRM.
Pero eso no responde la pregunta fundamental:
¿Cuál es el proyecto político de David Collado para República Dominicana?
No cuál es su estrategia turística.
No cuál es su agenda como ministro.
No cuál es su imagen.
No cuál es su porcentaje en una encuesta.
¿Cuál es su visión de país?
Ese es el examen que todavía falta.
La contradicción también existe dentro del PRM
Hay otra consecuencia.
Si el PRM convierte a Collado en "el candidato inevitable" antes de que exista una candidatura formal, corre el riesgo de convertir cualquier cuestionamiento contra Collado en un cuestionamiento contra el partido.
Y si además las encuestas muestran simultáneamente un Gobierno dividido en su valoración, el problema se vuelve mayor.
Porque el PRM necesitaría explicar si Collado representa:
la continuidad del Gobierno,
o
la renovación del Gobierno.
Las dos cosas no son exactamente iguales.
Si representa continuidad, deberá defender los resultados de Abinader.
Si representa renovación, tendrá que explicar qué cambiará.
Y ahí aparecen las preguntas incómodas.
¿Qué hará diferente?
¿Qué funcionarios conservará?
¿Cuáles cambiará?
¿Qué políticas mantendrá?
¿Cuáles eliminará?
¿Qué errores del Gobierno reconoce?
¿Qué decisiones considera equivocadas?
¿Dónde cree que Abinader acertó y dónde falló?
Ese es el tipo de preguntas que convierten a un funcionario popular en candidato presidencial.
Las encuestas pueden darle un problema en lugar de resolverle el problema
El equipo de Collado parece haber conseguido algo muy difícil:
instalarlo como el favorito.
ACD Media lo coloca con 59.9 % entre los miembros del PRM y 39.8 % entre la población general en la medición de agosto. En julio, las cifras eran 54.2 % y 40.4 %, respectivamente.
Eso es una ventaja política real.
Pero existe una paradoja.
Mientras más se repita que Collado es el candidato inevitable, más temprano comenzará la sociedad a exigirle que explique por qué debe ser presidente.
Y ahí el marketing deja de ser suficiente.
Porque una cosa es convencer a alguien de que usted es el favorito.
Otra es convencerlo de que usted debe gobernar el país.
La verdadera prueba comienza cuando desaparecen las encuestas
Si David Collado quiere llegar a 2028 como una candidatura sólida, tendrá que superar una prueba mucho más difícil que aparecer primero.
Tendrá que hablar.
Definir posiciones.
Debatir.
Explicar.
Proponer.
Responder.
Y, sobre todo, demostrar que existe un proyecto político detrás de la marca.
Porque hasta ahora el mayor activo de Collado es su reconocimiento.
Y su mayor desafío puede terminar siendo precisamente ese:
que el país conozca su rostro mucho más de lo que conoce sus ideas.
El PRM tampoco puede cometer el error de confundir popularidad con transferencia de votos
El oficialismo debería observar este fenómeno con cuidado.
El PRM no puede asumir que la popularidad de un ministro se convierte automáticamente en votos para el partido.
Tampoco puede asumir que los resultados del turismo se convertirán automáticamente en una evaluación positiva de una candidatura presidencial.
La propia encuesta muestra una separación entre la valoración del presidente, la del Gobierno y la del gabinete.
Eso significa que existe capital político individual que no necesariamente se transfiere de manera automática entre las distintas marcas.
Y esa es precisamente la discusión que el PRM debería estar teniendo.
No quién aparece primero.
Sino quién puede ganar una elección nacional después de atravesar una primaria, defender seis años de gobierno y presentar un proyecto propio para los siguientes cuatro.
El 2028 no se ganará hablando solamente de turismo
David Collado tiene tiempo.
Y eso es lo más importante.
No necesita responder hoy todas las preguntas que le harán en 2028.
Pero sí necesita comenzar a construir las respuestas.
Porque el candidato que hoy puede esconderse detrás de una cartera ministerial mañana tendrá que hablar como jefe de Estado.
Y un presidente no puede limitarse a decir cuánto creció el turismo.
Tiene que decir qué hará con el país cuando el turismo enfrente una crisis.
Tiene que decir cómo enfrentará la inseguridad.
Qué hará con la deuda.
Cómo reducirá la informalidad.
Qué piensa de la reforma fiscal.
Cómo manejará la relación con Haití.
Qué política exterior defenderá.
Cómo reformará el Estado.
Y cuál será su posición frente a los grandes conflictos que inevitablemente aparecerán.
Las encuestas pueden decir que David Collado es hoy el favorito. Pero ninguna encuesta puede responder todavía si está preparado para ser presidente.
Esa respuesta tendrá que darla él.
Y tendrá que darla hablando.
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