
Abinader tomó la decisión correcta al no colocar a Paliza en la Cancillería: aunque Ito no era la mejor opción, cualquiera era mejor que Álvarez
Lee la cobertura completa en Hackeando el Sistema.
La designación de Víctor “Ito” Bisonó como ministro de Relaciones Exteriores puede ser cuestionada por su limitada experiencia diplomática, pero colocar a José Ignacio Paliza en esa posición habría enviado una señal política todavía más delicada: convertir al excabeza del PRM en canciller justo cuando abandona la dirección partidaria y cuando su influencia sobre las bases es objeto de cuestionamientos. Abinader, en cambio, optó por mantener a Paliza como ministro de la Presidencia y colocar a Bisonó en el MIREX.
La decisión de Luis Abinader de sacar a Roberto Álvarez de la Cancillería y designar a Víctor “Ito” Bisonó como nuevo ministro de Relaciones Exteriores abre una discusión que va mucho más allá de un simple cambio de funcionarios.
Álvarez presentó su renuncia después de seis años al frente del Ministerio de Relaciones Exteriores y fue designado embajador emérito. Bisonó asumió mediante el Decreto 554-26.
Y hay una lectura política que merece atención:
Abinader pudo haber utilizado la Cancillería para premiar a José Ignacio Paliza. No lo hizo.
Y, a mi juicio, fue una decisión correcta.
No necesariamente porque Ito Bisonó sea el candidato ideal para dirigir la política exterior dominicana. Su experiencia diplomática profesional es difícil de comparar con la trayectoria de Roberto Álvarez.
La decisión parece responder a otra lógica:
confianza política.
¿Era Paliza el hombre para Relaciones Exteriores?
Aquí hay que separar dos cosas.
José Ignacio Paliza no es un improvisado.
Es abogado, tiene una maestría en Estudios Internacionales del Derecho por Georgetown y otra en Negocios y Políticas Públicas, además de haber sido diputado y senador. Su trayectoria política comenzó muy temprano y en 2018 fue elegido presidente del PRM. (Presidencia de la República Dominicana)
Por tanto, sería incorrecto afirmar que Paliza carece de preparación relacionada con asuntos internacionales.
Pero una Cancillería no se dirige solamente con títulos académicos.
También requiere experiencia diplomática, conocimiento del servicio exterior, relaciones internacionales construidas durante años y capacidad para representar al Estado frente a gobiernos extranjeros.
Y ahí la discusión cambia.
Paliza tiene formación internacional; no tiene una trayectoria diplomática comparable a la de un canciller de carrera.
Pero tampoco es eso lo que, políticamente, me parece más importante.
El problema era el momento
Si Abinader hubiera colocado a Paliza en Relaciones Exteriores inmediatamente después de dejar la presidencia del PRM, la lectura política habría sido inevitable:
“Premiaron a Paliza.”
Y no cualquier premio.
La Cancillería es uno de los ministerios más sensibles del Estado dominicano.
Y habría ocurrido justo cuando Paliza abandona la dirección del PRM después de ocho años.
El 9 de agosto, el PRM eligió a Luis Abinader como presidente de la organización para el período 2026-2030. Fue el propio Paliza quien había propuesto originalmente que Abinader asumiera la presidencia del partido. (Acento)
Eso significa que Paliza pasa de controlar formalmente el partido a una posición diferente dentro del Gobierno.
Y ahí aparece la pregunta:
¿Qué debía hacer Abinader con Paliza?
Podía convertirlo en canciller.
Podía enviarlo a otro ministerio.
Podía mantenerlo en Presidencia.
Eligió la tercera opción.
Y eso tiene una lectura política muy clara.
Paliza fue presidente del PRM, pero no construyó una corriente política proporcional al cargo
Este es uno de los puntos que más se ha discutido dentro del oficialismo.
Paliza ocupó durante años la presidencia del PRM.
Pero una cosa es presidir el partido y otra muy diferente es controlar políticamente su base.
Durante su gestión, el PRM atravesó un proceso de crecimiento electoral extraordinario, pero también llegó a 2026 con una enorme reducción del padrón registrado: de 3,092,389 afiliados en 2023 a 1,551,727 en el nuevo registro depositado ante la JCE.
La dirección del partido explica esa reducción mediante procesos de depuración, eliminación de duplicidades y actualización de datos. Por eso no sería correcto presentar automáticamente la diferencia como una pérdida de 1.54 millones de militantes reales.
Pero existe un problema político que sí merece discusión:
el descontento de sectores de la base con una dirección partidaria que muchos dirigentes consideran demasiado distante del ala política.
Y ahí está la principal vulnerabilidad del legado de Paliza.
El PRM ganó el Gobierno, pero la base no necesariamente sintió que ganó el poder
Esta es una de las contradicciones de estos seis años.
El PRM pasó de oposición a controlar la Presidencia, el Congreso, alcaldías y una enorme cantidad de instituciones.
Pero sectores de su militancia han cuestionado que los espacios gubernamentales no siempre fueran utilizados para fortalecer políticamente al partido.
La crítica es sencilla:
los compañeros hicieron campaña, pero después muchas decisiones se tomaron desde el Gobierno y no desde el partido.
Eso produjo una separación entre el PRM institucional y el PRM político.
Y Paliza, como presidente del partido, quedó inevitablemente asociado a esa situación.
Por eso resulta difícil sostener que trasladarlo a la Cancillería habría significado automáticamente fortalecer al PRM.
Podría haber sido interpretado exactamente al revés:
otro premio para un dirigente de la cúpula mientras las bases siguen esperando respuestas.
Y aquí Ito Bisonó tiene una ventaja sobre Paliza: la confianza presidencial
La decisión de colocar a Bisonó no significa necesariamente que Abinader esté diciendo que Ito es el diplomático con mayor experiencia disponible.
No lo es.
Significa que el presidente parece haber privilegiado confianza, lealtad y capacidad política de ejecución.
Bisonó tiene una larga carrera legislativa y política. Fue diputado durante varios períodos y en 2020 pasó al PRM, desde donde Abinader lo designó ministro de Industria, Comercio y Mipymes. Posteriormente pasó al Ministerio de Vivienda. (Diario Libre)
Ahora recibe Relaciones Exteriores.
Eso convierte a la Cancillería en una pieza del rediseño político-administrativo del último tramo del Gobierno.
Y no es un detalle menor.
Ito llega a una Cancillería que enfrenta un escenario complicado
Bisonó no está llegando a un ministerio tranquilo.
La República Dominicana mantiene como uno de sus principales desafíos internacionales la crisis haitiana.
Además, apenas tres días antes de su designación, el Gobierno dominicano informó a Cuba que debía retirar nueve integrantes de su misión diplomática y familiares, dentro de una situación de tensión bilateral. (Diario Libre)
Y el país tiene por delante una agenda internacional que incluye:
relaciones con Estados Unidos;
crisis haitiana;
migración;
seguridad regional;
relaciones con Cuba;
comercio internacional;
inversión extranjera;
organismos multilaterales;
relaciones con América Latina y el Caribe.
Por eso la pregunta sobre la experiencia de Bisonó es legítima.
Va a necesitar rodearse de diplomáticos profesionales y especialistas.
Su éxito dependerá en buena medida de que no pretenda convertir la Cancillería en una extensión de la política partidaria.
Pero aquí hay algo que tampoco debemos olvidar: Roberto Álvarez no era un canciller improvisado
Y esto debe reconocerse.
Álvarez estuvo seis años al frente del MIREX y el propio ministerio destacó, al anunciar su salida, el fortalecimiento de la Cancillería, del servicio exterior y de la presencia internacional del país. (Diario Libre)
Además, su perfil era precisamente el de un especialista en relaciones internacionales.
La Cancillería fue una de las instituciones que permaneció sin cambios durante prácticamente todo el primer período de Abinader. (Periódico elCaribe)
Por tanto, sustituirlo no puede explicarse simplemente como una corrección administrativa.
Es un cambio político.
Y el presidente decidió hacerlo al comenzar un nuevo tramo de su segundo mandato.
¿Entonces Abinader tomó la mejor decisión con Ito?
Aquí mi respuesta es más matizada:
Tomó una decisión políticamente inteligente, aunque eso no significa que Ito sea necesariamente la mejor opción técnica para la Cancillería.
Son dos cosas diferentes.
Desde el punto de vista técnico-diplomático, Bisonó tendrá que demostrar que puede manejar un ministerio de esa naturaleza.
Desde el punto de vista político, Abinader resolvió varias cosas simultáneamente:
Sacó a Roberto Álvarez después de seis años.
Colocó a un dirigente de confianza en Relaciones Exteriores.
No convirtió la Cancillería en el premio de salida de Paliza.
Mantuvo a Paliza en el Ministerio de la Presidencia.
Evitó enviar una señal demasiado evidente de recompensa política al expresidente del PRM.
Y esto último es quizás lo más interesante.
Porque Paliza en Cancillería habría sido otra historia
Imaginemos el escenario contrario.
Abinader toma la presidencia del PRM.
Paliza deja el partido.
Y, casi inmediatamente, recibe la Cancillería.
La lectura política sería sencilla:
“El presidente cambió la dirección del partido y compensó al antiguo presidente con uno de los ministerios más importantes.”
Eso habría alimentado exactamente la narrativa que muchos sectores del PRM vienen cuestionando:
la cúpula decide, la cúpula se distribuye los espacios y la base observa.
Y eso habría sido especialmente delicado en este momento.
Porque el PRM está entrando en la etapa más importante de su vida política desde que llegó al poder:
la sucesión de Luis Abinader.
Y Paliza ahora tiene otro problema
Su eventual salida de la presidencia del PRM coincide con una nueva distribución de fuerzas.
Carolina Mejía conserva una estructura.
Wellington Arnaud conserva otra.
David Collado acaba de sumar a Yayo Sanz Lovatón.
Y sectores del partido comienzan a organizarse alrededor de esos proyectos.
Paliza, mientras tanto, no aparece como una de las tres grandes estructuras presidenciales.
Por eso, si mañana respalda a Collado —como se ha especulado— habrá que hacerse la misma pregunta:
¿Cuánto pesa realmente Paliza fuera del cargo?
Porque si no logró construir una corriente política propia durante ocho años al frente del partido, su capacidad de transferir estructura ahora tendrá que demostrarse.
Una cosa es ser presidente del PRM.
Otra es tener al PRM detrás de uno.
La verdadera prueba de Paliza comienza ahora
Durante años fue posible atribuirle influencia a Paliza porque tenía el cargo.
Ahora el escenario cambia.
Ya no es el presidente del PRM.
Ya no controla formalmente la estructura partidaria.
Abinader asumirá la conducción del partido hasta 2030. (Listín Diario)
Y los diferentes proyectos presidenciales comienzan a disputar la estructura.
Por primera vez podremos medir cuánto de la influencia de Paliza era institucional y cuánto era personal.
Ese será su verdadero examen político.
Abinader hizo una jugada de confianza, no necesariamente una jugada diplomática
Eso es lo que realmente parece haber ocurrido.
Roberto Álvarez sale después de seis años.
Ito Bisonó entra.
Paliza no recibe la Cancillería.
Y Abinader concentra ahora la presidencia de la República y la presidencia del PRM.
La señal es poderosa:
el presidente quiere tener cerca a quienes considera indispensables para la etapa final de su Gobierno y, al mismo tiempo, controlar personalmente el partido durante la transición hacia 2028.
Eso explica mucho mejor la arquitectura que simplemente hablar de quién tiene más o menos experiencia diplomática.
Conclusión: Abinader evitó convertir la Cancillería en un premio
Se puede cuestionar la designación de Ito Bisonó.
Se puede preguntar legítimamente qué experiencia diplomática tiene para asumir uno de los ministerios más sensibles del país.
Y esas preguntas deben ser respondidas por su gestión.
Pero hay otra conclusión que también merece plantearse:
poner a José Ignacio Paliza en la Cancillería habría sido políticamente mucho más difícil de justificar.
Paliza ya tuvo una posición privilegiada durante años como presidente del PRM y como uno de los hombres más cercanos al presidente.
Su principal desafío no es conseguir otro cargo.
Es demostrar que construyó una influencia política propia capaz de sobrevivir al cargo que acaba de abandonar.
Por eso, desde esta perspectiva, Abinader tomó una decisión políticamente correcta al no convertir a Paliza en canciller.
Con Ito Bisonó asumió el riesgo de la inexperiencia diplomática.
Con Paliza habría asumido otro riesgo:
el de enviar al país y al propio PRM el mensaje de que los cargos estratégicos siguen siendo premios para la cúpula.
Y en un partido cuya base está reclamando precisamente mayor participación, ese mensaje habría sido mucho más costoso que cualquier cuestionamiento sobre la experiencia de un nuevo canciller.
Ahora toca a Ito demostrar que la confianza presidencial puede convertirse en una política exterior eficaz.
Y a Paliza demostrar que, sin la presidencia del PRM, su peso político es algo más que el peso del cargo que ocupaba.
Cargando comentarios...
Comentarios de la red
No hay comentarios registrados en este nodo.










