
¿Omar Fernández para ganar la Presidencia… o para hacer crecer a la Fuerza del Pueblo?
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La discusión sobre la candidatura presidencial de la Fuerza del Pueblo para 2028 tiene una dimensión que va mucho más allá de la pregunta de quién puede llegar al Palacio Nacional.
La verdadera pregunta podría ser otra: ¿qué candidato maximiza el poder electoral de la Fuerza del Pueblo, incluso si no logra ganar la Presidencia?
Ahí aparece Omar Fernández.
Leonel Fernández ha dejado claro que la FP todavía no ha definido su candidato presidencial para 2028 y que tanto él como Omar deben esperar los plazos legales correspondientes. Pero eso no significa que dentro de la organización no exista una discusión estratégica sobre cuál de los dos puede producir el mejor resultado electoral.
Y aquí hay un dato que no debería ignorarse: en las elecciones de 2024, con Leonel Fernández como candidato presidencial, la Fuerza del Pueblo obtuvo 28.8 % en el nivel presidencial, mientras consiguió tres senadores y 28 diputados. Omar Fernández fue uno de esos tres senadores.
Eso demuestra que el liderazgo presidencial y la capacidad de producir votos legislativos no necesariamente son exactamente la misma cosa.
Omar tiene algo que Leonel no tiene
Omar representa una generación diferente.
Tiene una exposición particularmente fuerte entre jóvenes y sectores que no necesariamente tienen una identidad política histórica con Leonel Fernández. Incluso dentro de la propia FP existen dirigentes que sostienen que Omar puede atraer electores fuera del partido.
José Augusto Izquierdo, miembro de la Dirección Política de la FP, planteó recientemente que la organización debe evaluar, llegado el momento, quién ofrece mayores posibilidades entre Leonel y Omar.
Y hay otro elemento todavía más importante: Omar no está planteando únicamente una candidatura personal.
En agosto de 2026 afirmó que considera necesaria una alianza entre la Fuerza del Pueblo y el PLD para 2028 y recordó que en 2024 obtuvo 80,371 votos solamente en la casilla del PLD, además del respaldo de otras organizaciones opositoras.
Eso significa que Omar puede tener capacidad para funcionar como puente electoral entre sectores que tradicionalmente no votarían directamente por la Fuerza del Pueblo.
Pero Peña Guaba tiene otra lectura
Aquí aparece José Francisco Peña Guaba.
Y hay que ser precisos: Peña Guaba no está actualmente promoviendo a Omar como candidato presidencial para 2028.
De hecho, su posición pública ha sido bastante clara. En agosto de 2026 escribió que respalda el regreso de Leonel Fernández y llamó al leonelismo a trabajar para llevarlo nuevamente al Palacio Nacional.
Más recientemente, Peña Guaba incluso planteó que Omar debe ser preservado como activo político, pero que no lo contempla como candidato presidencial en 2028; mencionó como alternativas que pueda repetir como senador o aspirar a la Alcaldía del Distrito Nacional.
Por tanto, sería incorrecto afirmar que Peña Guaba está públicamente construyendo una candidatura presidencial de Omar.
Pero eso no elimina la posibilidad de que esté pensando en algo más amplio: una arquitectura opositora.
Peña Guaba ha insistido precisamente en que el regreso de Leonel necesita una estructura electoral fuerte, unidad con el PLD y una amplia alianza opositora. En agosto escribió que no basta con tener candidato: hace falta organización, apertura política y capacidad para construir una coalición.
Y Omar, paradójicamente, podría ser una pieza importante de esa arquitectura aunque no sea el candidato presidencial.
El verdadero problema para la oposición es el PRM
Aquí entra David Collado.
Actualmente, Collado aparece como uno de los principales activos electorales del PRM. La encuesta Gallup-Diario Libre de mayo de 2026 situó al PRM en 30.4 % de simpatía partidaria y mostró a Collado como el principal aspirante dentro del oficialismo.
Otra medición publicada en 2026 colocó a Collado por encima de Leonel y Omar en intención de voto presidencial.
Por eso, un escenario en el que Collado abandone el PRM tendría consecuencias enormes.
Ahora bien: no existe evidencia pública suficiente para afirmar que Collado haya decidido hacerlo. Al contrario, su equipo ha insistido públicamente en la necesidad de preservar la unidad del PRM y ha presentado esa unidad como condición fundamental para ganar en 2028.
Pero la política no solamente se analiza con las decisiones actuales. También se analizan los escenarios de ruptura.
Y ahí aparece una posibilidad interesante.
¿Qué pasaría si el PRM se divide?
Imaginemos —como escenario, no como hecho— que la lucha interna del PRM termina provocando una ruptura profunda.
Supongamos que Collado pierde la candidatura y decide abandonar el partido. Supongamos además que sectores inconformes con el Gobierno de Luis Abinader y dirigentes de otras organizaciones opositoras encuentran espacio para reagruparse.
Entonces podríamos tener un tercer polo electoral.
No necesariamente sería simplemente FP contra PRM.
Podría aparecer una plataforma integrada por sectores de la oposición tradicional, partidos minoritarios, dirigentes independientes y figuras provenientes de una eventual ruptura del PRM.
Y ahí la pregunta sería:
¿quién tendría capacidad para articular ese frente?
Peña Guaba tiene experiencia precisamente en ese tipo de ingeniería política. El propio historial electoral de la FP muestra que Leonel ha conseguido articular alianzas con diferentes organizaciones: en 2024 varios partidos aliados obtuvieron representación legislativa junto a la candidatura presidencial de Fernández.
Omar, por su parte, tiene algo que puede ser decisivo para una coalición: capacidad de conectar con sectores más jóvenes y menos identificados con las viejas estructuras partidarias.
Pero hay una contradicción que no podemos esconder
La tesis tiene un problema.
Si realmente Peña Guaba quisiera construir un frente alrededor de Omar para 2028, sus declaraciones recientes apuntan en la dirección contraria.
En 2025 llegó a decir que la única opción opositora con posibilidades reales era Leonel y que Omar tendría su oportunidad en el futuro.
Y en agosto de 2026 fue todavía más explícito: “Yo apoyo a Leonel Fernández para que vuelva a ser presidente”.
Por tanto, la hipótesis más sólida no es que Peña Guaba esté preparando hoy una candidatura presidencial de Omar.
La hipótesis más interesante es otra:
Omar puede ser una pieza estratégica de una alianza opositora aun cuando Leonel sea el candidato presidencial.
Eso cambia completamente la lectura.
¿Y dónde queda David?
Aquí es donde el escenario se vuelve verdaderamente interesante.
Si el PRM permanece unido y Collado gana la candidatura, la oposición tendrá que enfrentarse a un candidato que actualmente posee un posicionamiento electoral considerable.
Pero si el PRM se fractura, el tablero cambia.
Una eventual salida de Collado —si algún día ocurriera— podría quitarle al PRM una de sus principales fortalezas y, al mismo tiempo, crear un nuevo espacio político.
Pero no hay que confundir una posibilidad con una realidad.
Hoy Collado sigue dentro del PRM y su equipo habla de unidad. La FP todavía no ha escogido candidato. Leonel no ha descartado su propia candidatura y Peña Guaba públicamente lo respalda.
Lo que sí está ocurriendo es que todos están construyendo posiciones antes de que llegue el momento de definir la candidatura.
Y esa es precisamente la parte más interesante de la política dominicana de cara a 2028.
La batalla no será solamente por el Palacio
Puede que la gran estrategia de 2028 no consista exclusivamente en encontrar al candidato que pueda obtener más votos presidenciales.
También consistirá en determinar quién puede construir la estructura electoral más amplia, ganar senadores, diputados, alcaldes y regidores y dejar a su partido en una posición dominante para gobernar.
Omar puede ser una pieza de esa estrategia.
Leonel puede ser otra.
Peña Guaba puede ser uno de los arquitectos de una eventual coalición.
Y David Collado puede ser el factor que determine si esa coalición será necesaria o no.
Por ahora, nadie puede afirmar que ese tablero ya está decidido. Pero las piezas ya están sobre la mesa.
Y quizás la pregunta correcta no sea solamente:
¿Quién será presidente en 2028?
Sino:
¿Quién estará construyendo desde ahora el bloque político capaz de controlar el poder después de 2028?
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