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Aníbal Díaz y el error de convertir una competencia interna en una guerra de percepciones

Aníbal Díaz y el error de convertir una competencia interna en una guerra de percepciones

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Administrador HESADMINISTRADOR HES/29 SEPT DE 2026/1 MIN/visibility2 VISTAS
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Aníbal Díaz y el error de convertir una competencia interna en una guerra de percepciones

La defensa de David Collado puede terminar generando un efecto político distinto al buscado: convertir a Carolina Mejía y Wellington Arnaud en adversarios con incentivos para coordinarse.

Por Melvin Sena | HackeandoElSistema.net

Hay declaraciones que ayudan a una candidatura y otras que, aunque pretendan fortalecerla, terminan produciendo exactamente el efecto contrario.

La afirmación del diputado Aníbal Díaz de que Carolina Mejía y Wellington Arnaud estarían compitiendo por la segunda posición dentro del PRM, mientras David Collado ocuparía el primer lugar, merece ser analizada precisamente desde esa perspectiva.

No porque esté prohibido defender a un candidato —es perfectamente legítimo que Díaz lo haga—, sino porque en una competencia interna todavía abierta, minimizar públicamente a los adversarios puede tener consecuencias políticas que trascienden la declaración del momento.

Díaz, además, no habla desde una posición neutral. Su vinculación con el proyecto de Collado es pública y ha sido documentada. Por tanto, su declaración debe leerse como una posición política del equipo de Collado, no como una fotografía independiente de la correlación interna.

El problema de decir quién está “segundo”

Aquí aparece la primera interrogante.

Si Carolina y Wellington realmente estuvieran compitiendo simplemente por el segundo lugar, la pregunta sería sencilla:

¿Segundo lugar en qué medición?

¿En conocimiento?

¿En intención de voto nacional?

¿En simpatía entre miembros del PRM?

¿En estructura territorial?

¿En capacidad de movilización?

¿En una eventual primaria cerrada?

Son variables diferentes.

El propio comportamiento interno del PRM demuestra que existen distintas formas de medir fuerza.

En febrero de 2025, Diario Libre reportó que Wellington Arnaud llegó al Congreso acompañado por casi 30 diputados, mientras Collado llegó acompañado por 11 y Yayo Sanz Lovatón por 15.

Eso no determina quién ganaría una primaria.

Pero sí demuestra algo importante:

La estructura interna de un partido no puede reducirse a una encuesta de popularidad.

Y ese es precisamente el terreno donde la afirmación de Díaz puede convertirse en un error táctico.

Carolina y Wellington tienen algo que necesitarán después

Supongamos, como escenario hipotético, que Collado termina imponiéndose.

En ese caso, necesitará que los sectores de Carolina y Wellington se incorporen a su campaña.

Y si la competencia se desarrolla bajo una retórica en la que esos dos proyectos son presentados como simples aspirantes al segundo lugar, surge una pregunta inevitable:

¿Qué incentivo tendrán esas estructuras para trabajar por el ganador?

La política interna no funciona únicamente con números.

También funciona con relaciones, respeto, negociación y expectativas.

Carolina no es una figura marginal dentro del PRM. Su propia estructura ha divulgado cifras importantes de respaldo legislativo y municipal.

Wellington, por su parte, ha mostrado durante meses capacidad para movilizar dirigentes y legisladores alrededor de su proyecto.

Por eso, convertir a ambos en personajes secundarios puede ser políticamente innecesario.

El segundo riesgo: unir a quienes todavía compiten separados

Esta puede ser la consecuencia más interesante de toda la discusión.

Carolina y Wellington no necesitan estar de acuerdo en todo para competir.

Pero una estrategia de comunicación que intente colocarlos simultáneamente por debajo de Collado puede crear un incentivo adicional para que ambos sectores conversen.

No necesariamente porque quieran hacerlo.

Por necesidad política.

Si dos proyectos perciben que están siendo desplazados conjuntamente por un tercero, pueden comenzar a encontrar puntos de coincidencia que anteriormente parecían difíciles.

Y ahí el tablero cambia.

No hace falta que exista una alianza formal.

Puede bastar con:

  • coordinación electoral;

  • acuerdos territoriales;

  • entendimientos entre estructuras;

  • intercambio de apoyos;

  • o simplemente una decisión de evitar que uno de los dos termine favoreciendo indirectamente al tercero.

Collado tiene fuerza. Precisamente por eso no necesita sobreactuarla

Hay que reconocer un hecho: David Collado ha construido una estructura política considerable.

En septiembre se reportaron respaldos de dirigentes, legisladores y autoridades municipales, incluyendo cifras divulgadas por su propio entorno y reproducidas por distintos medios.

Además, su equipo ha desplegado frentes políticos en áreas municipales, territoriales y sectoriales.

Eso constituye una realidad política que sus adversarios no pueden ignorar.

Pero precisamente por eso surge otra pregunta:

¿Para qué necesita el proyecto Collado decir que Carolina y Wellington están peleando por el segundo lugar?

Si realmente posee la ventaja que sostiene su equipo, debería bastar con dejar que la competencia avance y que los votos hablen.

Porque existe una diferencia entre mostrar fuerza y declarar derrotados a los adversarios antes de tiempo.

La primera puede atraer.

La segunda puede generar resistencia.

El problema no es Aníbal Díaz; es lo que representa la declaración

No sería serio convertir esto en un ataque personal contra Díaz.

Él está haciendo política y defendiendo el proyecto al que pertenece.

El punto es otro:

Cuando un dirigente de primera línea comienza a hablar como si la competencia estuviera resuelta, puede terminar creando una dinámica que obligue a sus adversarios a reaccionar.

Y eso puede ser particularmente delicado en un partido donde todavía existen tres proyectos claramente identificables.

David Collado

Cuenta con una importante percepción pública y una estructura política que ha venido creciendo.

Carolina Mejía

Dispone de una estructura política y territorial propia.

Wellington Arnaud

Ha demostrado capacidad de organización y movilización de dirigentes alrededor de su proyecto.

Por eso, reducir el escenario a “Collado primero y Carolina-Wellington peleando por segundo” constituye, como mínimo, una interpretación interesada de una competencia que todavía no ha llegado a las urnas.

La política tiene memoria

Hay algo que los equipos políticos suelen olvidar:

Los adversarios de hoy pueden convertirse en los aliados indispensables de mañana.

Y en una primaria partidaria eso adquiere todavía mayor importancia.

El que gana necesitará al que pierde.

El que pierde tendrá que decidir si se integra, negocia o toma otro camino.

Por eso, la manera en que se construye la competencia importa tanto como el resultado.

El equipo de Collado ha hablado públicamente de la unidad del PRM y de la importancia de la cohesión partidaria.

Ese discurso de unidad entra en tensión, al menos desde el punto de vista estratégico, con una narrativa que presenta a dos de los principales proyectos del partido como simples contendientes por el segundo puesto.

Y ahí aparece la paradoja:

Mientras unos hablan de unidad, otros podrían estar construyendo las condiciones para que los demás tengan razones para unirse.

La lectura de fondo

El problema de Aníbal Díaz no es que defienda a David Collado.

Eso es perfectamente comprensible dentro de una competencia política.

El verdadero problema estratégico sería confundir una ventaja comunicacional con una victoria política.

Si Collado realmente encabeza las preferencias, tiene estructura y cuenta con los respaldos que sus dirigentes aseguran tener, entonces no necesita declarar derrotados a Carolina y Wellington.

Porque una primaria no se gana con declaraciones.

Se gana cuando se abre el padrón, se cuentan los votos y aparece un resultado.

Hasta ese momento, decir quién está primero, quién está segundo y quién ya está fuera de la pelea sigue siendo una interpretación política, no un resultado electoral.

La pregunta que queda abierta

¿La estrategia de presentar a Collado como ganador anticipado fortalece su candidatura o puede terminar incentivando la coordinación de quienes hoy compiten contra él?

Esa es, probablemente, una pregunta más importante que determinar quién tiene actualmente el segundo lugar.

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