
Raquel Peña y Paliza con David Collado: ¿refuerzo político o una nueva narrativa de inevitabilidad?
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El rumor sobre un eventual respaldo de la vicepresidenta Raquel Peña y del expresidente del PRM José Ignacio Paliza a David Collado puede tener impacto mediático, pero no necesariamente significa una transferencia automática de estructura. La verdadera pregunta es qué aportaría cada uno a una eventual candidatura de Collado y qué intereses quedarían en juego.
En las últimas horas ha circulado una versión atribuida a la comunicadora e influencer Noelia Hazim según la cual Raquel Peña y José Ignacio Paliza estarían próximos a respaldar las aspiraciones presidenciales de David Collado dentro del PRM.
Hasta ahora, no existe un anuncio público de ninguno de los dos confirmando ese respaldo. Lo que sí está confirmado es que el equipo político de Peña se reunió recientemente para evaluar el futuro de su proyecto hacia 2028 y que, entre los escenarios considerados, aparece la posibilidad de que parte de esa estructura termine integrándose al proyecto de Collado.
Y aquí comienza el análisis.
Porque una cosa es que Raquel Peña o Paliza apoyen a Collado y otra muy diferente es que ese respaldo le entregue a Collado la estructura que necesita para ganar una primaria cerrada.
Raquel Peña: mucha exposición, poca estructura partidaria
Raquel Peña llegó a la vicepresidencia con una enorme ventaja institucional y una exposición nacional considerable.
Sin embargo, su eventual proyecto presidencial nunca consiguió consolidar una estructura partidaria comparable con la de Carolina Mejía o Wellington Arnaud.
Eso no es una opinión: incluso análisis publicados cuando Peña todavía era considerada una de las principales opciones del PRM señalaban que su principal debilidad era precisamente la ausencia de una estructura interna claramente identificable.
Las encuestas, además, muestran una evolución importante.
En febrero de 2025, CIMERAN registraba a Peña con 7.4 % entre simpatizantes del PRM.
En agosto de 2026, ACD Media la situaba en 6.5 %, mientras Collado aparecía con 59.9 % y Carolina Mejía con 20 %.
Es decir, Peña no logró convertir su posición institucional en una candidatura presidencial competitiva dentro del partido.
Por eso, si termina apoyando a Collado, su principal aporte podría ser de percepción, legitimidad y señal política, más que de votos organizados.
Y hay otra cuestión mucho más compleja.
¿Qué ocurre con los grupos empresariales que rodean a ambos proyectos?
Si los sectores empresariales que han acompañado a Peña y los que respaldan a Collado tienen intereses sobre el próximo Gobierno, no necesariamente existe una coincidencia automática.
Pueden coincidir en apoyar una candidatura.
Pero eso no significa que tengan los mismos intereses sobre cómo se distribuye el poder después de ganar.
Ahí podría aparecer el primer conflicto.
Paliza: el problema es cuánto pesa fuera del cargo
El caso de José Ignacio Paliza es todavía más interesante.
Paliza fue presidente del PRM durante ocho años y encabezó el partido durante su llegada al Gobierno en 2020 y la reelección de Abinader en 2024.
Pero el 9 de agosto de 2026 terminó su etapa como presidente de la organización y Luis Abinader asumió la conducción del PRM para el período 2026-2030.
Ahora comienza la verdadera prueba de Paliza:
¿Cuánto de su influencia era personal y cuánto provenía del cargo?
Una encuesta Gallup publicada en mayo le otorgaba apenas 1.3 % entre los simpatizantes del PRM frente a 61.8 % de David Collado.
Eso no mide toda su influencia interna, pero sí ofrece una referencia importante.
Paliza puede tener relaciones, experiencia, conocimiento del partido y acceso a dirigentes.
Pero si mañana respalda a Collado, habrá que observar cuántos dirigentes se mueven realmente con él.
Porque una fotografía de Paliza junto a Collado tiene valor político.
Una estructura movilizada detrás de Paliza tiene mucho más valor electoral.
Y aquí aparece una paradoja
Durante su gestión al frente del PRM, Paliza defendió públicamente la necesidad de colocar al partido por encima de las aspiraciones personales y habló de un proceso interno basado en consenso y madurez política.
Ahora que ya no dirige la organización, cualquier eventual respaldo suyo a Collado será interpretado inevitablemente dentro de la disputa por la candidatura de 2028.
Y podría producir dos lecturas.
La primera:
Paliza se suma a la candidatura que parece tener mayor posibilidad de ganar.
La segunda:
Paliza se convierte en otro elemento utilizado para construir la percepción de que Collado es inevitable.
La segunda posibilidad no debe descartarse.
Collado tiene las encuestas. Carolina y Wellington tienen otra cosa
Aquí está el verdadero problema para quienes intentan presentar la candidatura de Collado como prácticamente resuelta.
David tiene una ventaja evidente en reconocimiento y opinión pública.
Eso está respaldado por múltiples mediciones. ACD Media lo colocó recientemente cerca del 60 % dentro del PRM; Gallup lo había situado en 61.8 %.
Pero una primaria cerrada no se gana con conocimiento público.
Se gana movilizando a quienes están dentro del padrón.
Y ahí Carolina Mejía y Wellington Arnaud siguen siendo variables que no pueden eliminarse de la ecuación.
La propia nueva dirección del PRM refleja ese equilibrio.
Juan Garrigó Mejía asumió la Secretaría General; Gloria Reyes, vinculada al proyecto Collado-Yayo, pasó a Organización; y Luis Delgado quedó en una posición estratégica relacionada con asuntos electorales.
Eso no parece el retrato de un partido donde una sola candidatura haya tomado el control absoluto.
La gran pregunta no es si Raquel y Paliza apoyarán a David
La pregunta verdaderamente importante es:
¿Qué le aportan?
Raquel puede aportar una imagen de unidad.
Paliza puede aportar relaciones políticas.
Ambos pueden ayudar a reforzar la narrativa de que figuras importantes del oficialismo están cerrando filas alrededor de Collado.
Pero ninguno de los dos, por sí solo, resuelve el problema central de Collado: transformar su extraordinaria ventaja de percepción en una maquinaria electoral capaz de ganar una primaria cerrada.
Y ese problema sigue existiendo.
El factor Wellington sigue siendo el eslabón que puede cambiar el tablero
Si Carolina Mejía y Wellington Arnaud continúan separados, David puede beneficiarse de la fragmentación.
Si uno de ellos logra imponerse sobre el otro, el escenario cambia.
Pero si ambos alcanzan algún tipo de acuerdo, la competencia adquiere otra dimensión.
Por eso resulta prematuro hablar de una candidatura inevitable.
Y quizá esa sea precisamente la razón por la que desde distintos sectores se habla cada vez más de consenso.
El consenso evita una confrontación.
Pero también evita responder una pregunta fundamental:
¿Quién tiene realmente más votos dentro del PRM?
Una primaria cerrada respondería esa pregunta.
El PRM está entrando en su momento más delicado
Hay una característica histórica de las grandes disputas del perredeísmo y sus derivaciones políticas: la derrota interna no siempre termina en integración automática.
El PRM nació precisamente de una ruptura.
Y aunque sería exagerado afirmar que necesariamente volverá a dividirse, sería igualmente ingenuo pensar que las heridas de una primaria presidencial desaparecen simplemente porque termina la votación.
Si Collado gana, tendrá que integrar a quienes pierdan.
Si Carolina gana, tendrá que hacer lo mismo.
Si Wellington sorprende, necesitará incorporar a los demás.
El verdadero ganador de la primaria no será solamente quien obtenga más votos; será quien consiga mantener dentro del partido a quienes pierdan.
La hipótesis más peligrosa para todos
Existe una posibilidad que merece ser discutida sin dramatismo.
Que la competencia termine convirtiéndose en una lucha por demostrar quién tiene más poder, en lugar de una discusión sobre quién está mejor preparado para gobernar.
Ahí las encuestas, los respaldos empresariales, los funcionarios, los medios y las estructuras partidarias pueden terminar funcionando como instrumentos de presión.
Y es precisamente ahí donde la percepción de inevitabilidad puede convertirse en un arma política.
David tiene la ventaja de ser el más conocido.
Raquel podría aportar legitimidad institucional.
Paliza podría aportar relaciones.
Pero Carolina tiene estructura.
Wellington tiene estructura.
Y ambos tienen algo que no puede fabricarse fácilmente en un estudio de opinión:
dirigentes que llevan años construyendo organización dentro del PRM.
En HackeandoElSistema.net no damos por confirmado que Raquel Peña y José Ignacio Paliza vayan a respaldar a David Collado hasta que ellos mismos lo anuncien.
Pero tampoco descartamos que pueda ocurrir.
Lo que cuestionamos es otra cosa:
que ese eventual respaldo sea presentado como la prueba definitiva de que Collado ya ganó la candidatura.
No necesariamente.
Raquel necesita demostrar cuánto de su estructura permanece después de abandonar —o reducir— su proyecto presidencial.
Paliza necesita demostrar cuánto pesa políticamente ahora que ya no es presidente del PRM.
Y Collado necesita demostrar que puede transformar popularidad en organización y organización en votos.
Porque al final, en una primaria cerrada, los apoyos pesan.
Las encuestas pesan.
Los empresarios pesan.
Los medios pesan.
Los funcionarios pesan.
Pero los votos pesan más.
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