
Ocho exlegisladores del PRM podrían dar el salto a la oposición: ¿crisis de lealtades o factura pendiente de 2024?
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Por Melvin Sena | Hackeando el Sistema
El escenario político dominicano comienza a moverse con una velocidad que podría sorprender incluso dentro del propio oficialismo.
De acuerdo con una información que me ha sido suministrada por una fuente que afirma conocer de primera mano el proceso, al menos cinco exdiputados y tres exsenadores vinculados al Partido Revolucionario Moderno (PRM) estarían evaluando seriamente abandonar las filas oficialistas y pasar a la oposición.
No presento esto como un hecho consumado, porque hasta este momento no existe una confirmación pública de todos los nombres ni de una decisión formal colectiva. Pero si la información termina materializándose, estaríamos frente a un movimiento político que merece mucha más atención de la que probablemente está recibiendo.
Porque ocho exlegisladores no son simplemente ocho personas.
Son estructuras territoriales.
Son relaciones políticas.
Son dirigentes locales.
Son antiguos candidatos.
Son equipos que conocen el funcionamiento electoral de sus provincias y municipios.
Y, sobre todo, son personas que podrían llevar consigo una cuota de votos, dirigentes y relaciones construidas durante años.
El problema comenzó, según esta versión, con las candidaturas de 2024
La explicación que recibo apunta directamente a una de las grandes tensiones que dejó el proceso electoral de 2024: la distribución de las candidaturas dentro del PRM y las alianzas electorales utilizadas para garantizar determinados resultados.
En política, particularmente en un partido que está en el poder, las decisiones electorales suelen responder a cálculos.
Quién aparece mejor posicionado en las encuestas.
Quién tiene mayor posibilidad de ganar.
Quién puede atraer determinado segmento del electorado.
Quién controla determinada estructura territorial.
Y ahí aparece una palabra que muchos dirigentes políticos probablemente comienzan a mirar con mayor desconfianza:
la encuesta.
Porque cuando una candidatura se decide sobre la base de una medición, alguien gana y alguien queda fuera.
El problema aparece cuando a quien queda fuera se le promete una compensación posterior.
Y es precisamente ahí donde estaría uno de los principales motivos de inconformidad de estos antiguos legisladores, según la información recibida.
"Viene el decreto"
La versión que me llega sostiene que algunos de estos dirigentes aceptaron las decisiones electorales porque, además de las negociaciones políticas, habrían recibido la expectativa de incorporarse posteriormente al Gobierno.
La lógica habría sido sencilla:
"Hoy no tienes la candidatura, pero mañana tendrás una posición en el Estado."
El problema es que el mañana llegó y, según estos dirigentes, los decretos nunca llegaron.
Y en política, una promesa incumplida puede convertirse rápidamente en resentimiento.
Más todavía cuando quienes consideran que hicieron sacrificios electorales observan que otros dirigentes que llegaron al proyecto de Abinader procedentes de otras organizaciones políticas sí terminaron ocupando posiciones importantes en la administración pública.
Ahí está, posiblemente, el verdadero combustible de esta situación.
El agravio comparativo
Según la fuente, lo que más estaría molestando a estos exlegisladores no es simplemente no haber recibido un decreto.
Es la comparación.
Porque algunos antiguos dirigentes y legisladores que abandonaron otras organizaciones políticas para respaldar al presidente Luis Abinader durante el proceso electoral terminaron incorporándose al Gobierno en posiciones de considerable relevancia.
Ministros.
Directores generales.
Miembros de consejos de administración.
Embajadores.
Cónsules.
Mientras tanto, dirigentes que ya estaban dentro del PRM y que habrían aceptado determinadas decisiones electorales esperando posteriormente una compensación política estarían preguntándose:
¿Y nosotros qué?
Esa pregunta, aparentemente sencilla, puede ser políticamente explosiva.
Porque los partidos no solamente se sostienen sobre ideología.
También se sostienen sobre expectativas.
Y cuando una estructura política deja de percibir que existe reciprocidad entre el sacrificio realizado y la recompensa recibida, comienza a aparecer la desafección.
Ocho dirigentes pueden parecer pocos… hasta que se mira el territorio
Alguien podría decir:
"¿Qué representan cinco exdiputados y tres exsenadores frente a todo el PRM?"
Electoralmente, la respuesta depende de quiénes sean.
Pero políticamente sería un error medirlos únicamente por sus antiguos cargos.
Un exsenador no desaparece políticamente el día que termina su período.
Un exdiputado tampoco.
Muchos conservan equipos, contactos, familiares políticamente activos, dirigentes municipales, relaciones con empresarios, líderes comunitarios y capacidad de movilización.
Por eso, ocho exlegisladores organizados pueden tener más peso que ocho personas.
Y si esos ocho provienen de distintas regiones del país, el asunto adquiere otra dimensión.
No estaríamos hablando necesariamente de una deserción individual.
Podría convertirse en una señal de que existe una inconformidad más profunda dentro de sectores que alguna vez se sintieron parte importante del proyecto oficialista.
¿PLD o Fuerza del Pueblo?
Aquí aparece la segunda incógnita.
Según la información que me suministra una de las personas que estaría decidida a dar el paso, estos dirigentes podrían terminar incorporándose a alguna de las principales fuerzas opositoras.
Las opciones que se mencionan son fundamentalmente el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y la Fuerza del Pueblo (FP).
Esto es importante porque cada movimiento tendría una lectura diferente.
Si algunos terminan en la Fuerza del Pueblo, podrían fortalecer las estructuras territoriales de Leonel Fernández y aumentar la capacidad de la organización para competir por posiciones congresuales y municipales.
Si otros terminan en el PLD, contribuirían a reconstruir una organización que necesita recuperar terreno después de los resultados electorales de 2024.
Pero existe una tercera posibilidad:
que la salida no sea individual, sino coordinada.
Y eso tendría mucho mayor impacto.
El caso de la Línea Noroeste
Dentro de la información recibida existe además un episodio particularmente interesante.
Uno de los dirigentes que, según me cuentan, tendría prácticamente preparado su equipaje político provendría de la Línea Noroeste.
La versión sostiene que recientemente habría sostenido un encuentro con el expresidente Danilo Medina y que, en esa conversación, habría planteado su situación y la posibilidad de recibir próximamente un decreto.
Según esta versión, habría un margen de tiempo relativamente corto para que esa promesa se concrete.
Y si no ocurre, la advertencia habría sido bastante clara:
"Pática, paquete y tengo."
Traducido al lenguaje político dominicano:
"Si no cumplieron conmigo aquí, busco dónde sí me valoren."
Naturalmente, esta parte debe ser tomada como una versión atribuida a una fuente y no como un hecho confirmado mientras el propio dirigente o los involucrados no hagan pública su decisión.
Pero precisamente por eso resulta políticamente interesante.
El problema de fondo no son los decretos
Aquí hay algo más profundo que conviene analizar.
Un partido de gobierno no puede convertir cada inconformidad interna en un decreto.
Eso sería insostenible.
Pero tampoco puede asumir que todos sus dirigentes estarán satisfechos simplemente porque el partido ganó las elecciones.
La política funciona mediante incentivos.
Y cuando un dirigente entiende que perdió una candidatura por disciplina partidaria, por una alianza, por una encuesta o por una decisión de la dirección, necesita percibir que el sacrificio tuvo algún sentido.
De lo contrario, la próxima vez puede preguntarse:
¿Para qué sacrificarme por el partido si al final otros reciben los beneficios?
Ese tipo de pensamiento es extremadamente peligroso para cualquier organización política.
Porque empieza individualmente y puede terminar colectivamente.
La encuesta como detonante político
Hay otro elemento que merece atención.
Las encuestas se han convertido en una herramienta fundamental de la política dominicana.
Pero también pueden convertirse en una fuente de conflictos internos.
Cuando un dirigente escucha:
"No eres tú porque la encuesta dice que el otro tiene más posibilidades de ganar", puede aceptar la explicación.
Pero después espera que el partido cumpla con las compensaciones políticas que se hayan negociado.
Y si observa que otros obtienen posiciones mientras él continúa esperando, la encuesta que ayer justificaba la decisión puede terminar convirtiéndose en el símbolo de la injusticia.
De ahí mi expresión:
"Ay, esa maldita encuesta."
Porque una encuesta puede decidir una candidatura, pero no necesariamente puede resolver el problema político que queda detrás.
¿Qué debería hacer el Palacio?
Si esta información es correcta, el Gobierno debería prestar atención.
No porque ocho personas puedan derrumbar al PRM.
Eso sería exagerado.
El problema es otro.
¿Cuántas personas más piensan igual?
Esa es la pregunta realmente importante.
Porque si se trata exclusivamente de ocho dirigentes inconformes, el problema puede administrarse.
Pero si esos ocho representan la punta visible de una inconformidad más amplia entre antiguos candidatos, dirigentes provinciales y figuras que consideran que fueron desplazadas después de ayudar a construir la victoria electoral, entonces estamos frente a un problema diferente.
Y las elecciones de 2028 todavía están suficientemente lejos como para corregirlo.
Pero también suficientemente cerca como para que los dirigentes comiencen a tomar decisiones.
Y aquí entra la oposición
Para la Fuerza del Pueblo y el PLD, una eventual salida de dirigentes del PRM representaría una oportunidad.
No necesariamente porque esos dirigentes vayan a convertirse inmediatamente en figuras nacionales.
Sino porque la oposición necesita reconstruir territorio.
Las elecciones presidenciales se ganan con candidatos.
Pero las elecciones congresuales se ganan con estructuras.
Un partido puede tener un candidato presidencial competitivo y, sin embargo, fracasar en muchas provincias si carece de candidatos fuertes, equipos locales y dirigentes capaces de movilizar votantes.
Por eso, cada exsenador o exdiputado con estructura territorial puede convertirse en una pieza interesante para 2028.
Y aquí vuelve a aparecer una cuestión que hemos planteado anteriormente:
la batalla de 2028 no será solamente por quién gana la Presidencia. También será por quién controla el Congreso.
Atención PRM
Si los ocho terminan marchándose, el PRM tendrá que hacerse una pregunta incómoda:
¿Por qué se están yendo?
Y no debería responderla simplemente diciendo que son personas que buscan cargos.
Porque puede ser cierto en algunos casos.
Pero también puede existir una falla real en la gestión de las expectativas internas.
Un partido político no puede pretender que sus miembros sean disciplinados cuando necesita ganar elecciones y después tratarlos como prescindibles cuando ya consiguió el poder.
La lealtad política tiene límites.
Y esos límites se ponen a prueba cuando el dirigente siente que entregó algo y no recibió nada a cambio.
Pero también una advertencia para quienes quieran irse
Ahora bien, tampoco debemos romantizar las transfugas políticas.
Si estos dirigentes abandonan el PRM únicamente porque no recibieron un decreto, tendrán que explicar qué cambió en sus principios políticos.
Porque si ayer defendían al Gobierno y mañana pasan a la oposición simplemente porque no obtuvieron un cargo, el electorado también puede pasarles factura.
La política no puede reducirse a:
"No me dieron lo que quería, entonces me voy."
Si existe una ruptura, debería existir también una explicación política.
¿Qué cambió?
¿Qué diferencias existen?
¿Qué proyecto defienden ahora?
¿Por qué consideran que la oposición representa mejor sus convicciones?
Esas serán preguntas legítimas.
El reloj está corriendo
Por eso, mi llamado es directamente al PRM, al Palacio Nacional y a la dirección política del Gobierno.
No manejo información confidencial.
No manejo información privilegiada.
No tengo acceso a reuniones secretas.
Soy, como he dicho otras veces, un simple ciudadano cuyo único presupuesto es la cédula.
Pero precisamente por eso creo que las cosas deben decirse cuando comienzan a aparecer.
La información que recibo habla de cinco exdiputados y tres exsenadores que podrían estar preparando su salida del PRM.
Habla de inconformidad.
Habla de promesas de decretos que, según esta versión, no se han materializado.
Habla de dirigentes que comparan su situación con la de antiguos opositores que sí fueron incorporados al Gobierno.
Y habla de conversaciones que podrían estar produciéndose ya con sectores de la oposición.
Todo esto debe ser confirmado por los propios protagonistas.
Pero si termina siendo cierto, el PRM tendrá delante algo más que ocho cambios de partido: tendrá una advertencia sobre cómo está administrando sus propias lealtades.
Porque en política hay una regla que nunca debería olvidarse:
los adversarios pueden hacer oposición desde afuera; los aliados desencantados pueden llevarse la estructura que ayudaste a construir.
Y si ocho exlegisladores comienzan a caminar juntos hacia la oposición, habrá que preguntarse si estamos ante una simple fuga de dirigentes...
o ante el comienzo de una reconfiguración política mucho más grande de cara a 2028.
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