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Gobierno de mentir e incumplir: el petróleo baja y la gasolina vuelve a subir

Gobierno de mentir e incumplir: el petróleo baja y la gasolina vuelve a subir

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Por Melvin Sena

Hay algo que el Gobierno de Luis Abinader debería explicar con mucha claridad: ¿qué significa realmente “congelar” los combustibles durante tres meses?

Porque cuando el Gobierno anunció esa medida, el mensaje que recibió la población fue sencillo: después del ajuste inicial, los precios quedarían congelados durante 90 días mientras el petróleo no superara los US$95 por barril.

Eso fue lo que se comunicó.

El 11 de junio, el ministro de Hacienda y Economía, Magín Díaz, explicó que se realizaría un aumento moderado y que existía el compromiso de mantener los precios congelados durante al menos tres meses, siempre que el promedio del barril de petróleo no excediera los US$95.

El problema es que hoy la realidad se parece muy poco a la palabra “congelado”.

Y aquí es donde comienza el problema político.

Primero nos dijeron: petróleo por debajo de US$95, precios congelados

El 13 de junio se establecieron como referencia:

  • Gasolina Premium: RD$341.10

  • Gasolina Regular: RD$310.50

  • Gasoil Regular: RD$262.80

  • Gasoil Óptimo: RD$293.10

  • GLP: RD$137.20

Luego, durante las primeras semanas, el Gobierno efectivamente mantuvo congelados los principales combustibles y posteriormente aplicó reducciones.

Pero llegó agosto.

Para la semana del 8 al 14 de agosto, la gasolina Premium aumentó RD$3, hasta RD$341.10, mientras el gasoil óptimo también aumentó RD$3. La gasolina regular y el gasoil regular subieron RD$2.

Y para la semana del 15 al 21 de agosto volvió a producirse otro aumento: RD$3 adicionales en gasolina regular y gasoil regular.

Es decir, si un ciudadano escucha que los combustibles están “congelados”, difícilmente interpretará que dentro del período de congelamiento tendrá que enfrentar nuevos aumentos semanales.

Y aquí está la contradicción.

El Gobierno tiene una explicación: el petróleo no es toda la historia

Hay que reconocer algo.

El Gobierno tiene un argumento técnico que no es inventado.

El precio que paga el consumidor dominicano no depende exclusivamente del barril de petróleo.

La fórmula incorpora el precio internacional de los derivados, costos de importación, transporte, seguros, márgenes, impuestos y otros componentes.

Y el MICM ha argumentado que el margen de refinación, conocido como crack spread, aumentó considerablemente debido a la crisis internacional.

Para la semana del 15 al 21 de agosto, el Gobierno sostuvo que ese margen había aumentado 26 % para la gasolina y más de 64 % para el gasoil desde el inicio del conflicto entre Estados Unidos e Irán.

Ese argumento merece ser considerado.

Pero no responde a toda la pregunta.

Porque existe otra pregunta que el Gobierno todavía tiene que contestar:

¿Por qué cuando el petróleo baja el consumidor dominicano no recibe una reducción proporcional?

El petróleo llegó a caer hasta US$68

Aquí está la parte que resulta difícil de digerir para cualquier ciudadano.

El WTI llegó a cotizar alrededor de US$68.58 por barril a comienzos de julio, después de haber estado cerca de los US$95 que sirvieron como referencia para diseñar el plan anticrisis.

El 19 de junio, el WTI estaba en US$74.96.

Y posteriormente volvió a subir, llegando a niveles superiores a US$85 y, durante determinados momentos de agosto, por encima de US$90.

Eso significa que tampoco sería serio decir que el petróleo simplemente se desplomó y permaneció allí.

No ocurrió eso.

El mercado internacional ha sido extremadamente volátil.

Pero precisamente por eso el Gobierno creó el Plan Anticrisis: para absorber parte de esa volatilidad.

Entonces, ¿qué está pagando realmente el dominicano?

Para la semana del 15 al 21 de agosto, los precios son:

CombustiblePrecioGasolina PremiumRD$341.10Gasolina RegularRD$307.50Gasoil ÓptimoRD$293.10Gasoil RegularRD$259.80GLPRD$135.20

La gasolina Premium sigue en RD$341.10.

Y ese número merece atención.

Porque estamos hablando de un combustible cuyo precio se mantiene prácticamente en el mismo nivel que tenía cuando el Gobierno anunció el congelamiento, pese a que el petróleo llegó a estar muy por debajo de los US$95 utilizados como referencia.

Mientras tanto, la gasolina regular pasó de RD$302.50 a RD$304.50 y posteriormente a RD$307.50. El gasoil regular pasó de RD$254.80 a RD$256.80 y posteriormente a RD$259.80.

No es una explosión de precios.

Pero tampoco es el congelamiento que el ciudadano común imaginó cuando escuchó la palabra.

Y aquí aparece el dato que el Gobierno no puede esconder

El Estado está gastando muchísimo dinero para contener los precios.

Para la semana del 15 al 21 de agosto destinó RD$1,087.9 millones en subsidios.

El acumulado de subsidios a combustibles durante 2026 ya supera los RD$26,000 millones.

Y por cada galón, el Gobierno estaba absorbiendo aproximadamente:

  • RD$86.89 del gasoil regular;

  • RD$78.39 del gasoil óptimo;

  • RD$33.36 de la gasolina regular;

  • RD$9.97 de la gasolina Premium;

  • RD$15.78 del GLP.

Entonces aquí tenemos una situación verdaderamente interesante.

El Gobierno dice:

“Estoy protegiendo al pueblo porque estoy subsidiando los combustibles.”

Pero el ciudadano puede responder:

“Entonces explícame por qué sigo pagando RD$341 por un galón de gasolina Premium y por qué los precios continúan aumentando dentro del supuesto período de congelamiento.”

¿Estamos ante una mentira?

Aquí quiero ser preciso.

Jurídicamente y técnicamente, no podemos afirmar que el Gobierno haya incumplido literalmente la condición anunciada.

El compromiso estaba condicionado a que el petróleo no superara los US$95 y los precios actuales de los principales combustibles todavía están por debajo de los niveles fijados el 13 de junio.

De hecho, para la semana del 15 al 21 de agosto, el Gobierno insiste en que mantiene el compromiso de no superar aquellos precios mientras el petróleo permanezca debajo de US$95.

Pero políticamente la historia es diferente.

Porque congelar no significa lo mismo que poner un techo que puede modificarse varias veces mientras no se supere determinado precio de referencia.

Y esa diferencia semántica importa cuando hablamos del bolsillo de millones de personas.

El mismo Gobierno que antes criticaba esta fórmula

Y aquí es donde la discusión deja de ser exclusivamente económica y se convierte en política.

Luis Abinader llegó al poder cuestionando muchas de las prácticas económicas de los gobiernos anteriores.

Uno de los discursos recurrentes de la oposición fue precisamente que el ciudadano no podía seguir cargando con el costo de las ineficiencias del Estado.

Pero ahora tenemos una estructura donde el Gobierno mantiene una elevada carga impositiva sobre los combustibles, administra subsidios multimillonarios y utiliza una fórmula que el ciudadano promedio no puede auditar fácilmente.

Eso no significa que todo sea ilegal.

Significa que la transparencia debe ser mucho mayor.

Si el petróleo baja, queremos saber cuánto baja el componente internacional.

Si sube el margen de refinación, queremos conocer cuánto representa por galón.

Si el dólar cambia, queremos saber cuánto impacto tiene.

Si los impuestos representan determinada cantidad, queremos saber cuánto.

Y si el Gobierno subsidia RD$26,000 millones, queremos saber exactamente cuánto de ese dinero terminó beneficiando al consumidor y cuánto simplemente evitó que el precio fuera todavía mayor.

Porque aquí hay otra contradicción

El Gobierno está diciendo que necesita recaudar entre RD$40,000 y RD$50,000 millones adicionales para enfrentar las presiones fiscales.

Al mismo tiempo, durante este año ha destinado más de RD$26,000 millones a subsidiar combustibles.

No estoy diciendo que haya que eliminar el subsidio.

Estoy diciendo algo diferente:

Si el Estado está buscando dinero, tiene que explicar con absoluta transparencia qué está pasando con el dinero que ya recauda y con los subsidios que está entregando.

Porque el ciudadano no puede escuchar simultáneamente:

“Tenemos que apretarnos el cinturón porque faltan recursos”

y

“Estamos gastando decenas de miles de millones para estabilizar los combustibles”

sin exigir una explicación detallada.

¿Y los impuestos?

Este es el punto que más molesta.

La gasolina no cuesta RD$341 solamente porque el petróleo sea caro.

El precio dominicano incorpora impuestos y otros componentes establecidos por ley.

Por eso, cuando cae el petróleo, no necesariamente cae automáticamente el precio final en la misma proporción.

Eso es técnicamente cierto.

Pero entonces la pregunta política es inevitable:

¿Por qué la estructura fiscal tiene que proteger primero la recaudación y después el bolsillo del ciudadano?

Durante años hemos escuchado que los impuestos sobre los combustibles son necesarios para financiar al Estado.

Perfecto.

Pero si el Gobierno está buscando RD$50,000 millones adicionales, ¿por qué no abre también la discusión sobre el peso fiscal de los hidrocarburos?

¿Por qué no revisar temporalmente algunos componentes?

¿Por qué no transparentar cuánto recauda el Estado por cada galón?

¿Por qué no explicar cuánto representa cada impuesto en el precio final?

Y, sobre todo:

¿por qué el sacrificio siempre parece empezar en la estación de gasolina y terminar en el bolsillo de la clase media?

En 2022 ya vimos esta película

Esto tampoco es nuevo.

En marzo de 2022, durante la crisis provocada por la guerra entre Rusia y Ucrania, el Gobierno de Abinader anunció un mecanismo de congelamiento de combustibles condicionado al comportamiento del petróleo.

El propio Gobierno estableció entonces una regla vinculada a un rango internacional.

La experiencia terminó extendiéndose mucho más de lo inicialmente anunciado, según recordó posteriormente el PRD.

Por eso hoy el ciudadano tiene razones para desconfiar de los anuncios políticos.

No porque necesariamente sean ilegales.

Sino porque las promesas económicas tienen una historia y esa historia se recuerda en la bomba de gasolina.

La pregunta que queda

El Gobierno puede defender técnicamente cada uno de los ajustes.

Puede hablar del crack spread.

Puede hablar de los conflictos internacionales.

Puede hablar de los subsidios.

Puede hablar del tipo de cambio.

Puede hablar de la fórmula de paridad de importación.

Todo eso puede ser cierto.

Pero todavía queda una pregunta mucho más sencilla:

Si el Gobierno dijo que congelaría los combustibles durante 90 días mientras el petróleo estuviera debajo de US$95, ¿por qué el consumidor ha tenido que enfrentar nuevos aumentos durante ese período?

La respuesta oficial es que no se ha superado el precio techo establecido en junio.

La respuesta ciudadana puede ser otra:

“Entonces no le llamen congelamiento. Llámenle techo de precios.”

Porque las palabras también tienen consecuencias.

Y cuando hablamos del precio de la gasolina, cada palabra termina convertida en pesos.

El verdadero problema no es solamente el precio

El verdadero problema es la confianza.

Un Gobierno que pide sacrificios fiscales a la población necesita demostrar que sus reglas son claras, transparentes y predecibles.

Si el petróleo sube, explique.

Si el petróleo baja, explique.

Si sube la refinación, explique.

Si aumenta el subsidio, explique.

Si recauda más impuestos, explique.

Y si el precio internacional baja de US$95 a niveles de US$70 y luego vuelve a US$84, explique exactamente cuánto de ese movimiento llega al consumidor y cuánto se queda atrapado en impuestos, refinación, márgenes y otros costos.

Porque el dominicano no necesita discursos sobre estabilidad.

Necesita saber por qué paga lo que paga.

Y mucho menos necesita que le vendan como “congelado” un precio que, semana tras semana, puede seguir moviéndose.

El petróleo puede subir.

El petróleo puede bajar.

Lo que no debería subir y bajar según la conveniencia política es la definición de una promesa.

**Porque una cosa es administrar una crisis.

Y otra muy distinta es pedirle al pueblo que confíe en un Gobierno que cada semana cambia la explicación de por qué la gasolina sigue cara.**

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